Mumia escribe sobre Malcolm X en 1992

Consideraciones sobre Malcolm

por Mumia Abu-Jamal

Gracias a los esfuerzos del gran cineasta Spike Lee, el nombre de Malcolm X está otra vez en labios de millones de personas. Basada en buena parte en la Autobiografía de Malcolm X, escrita por el fallecido Alex Haley, la película cuenta la historia épica de un hombre que sobrevivió a su muerte.

Esto no es, y no puede ser, una crítica de cine, ya que no he visto la película por razones obvias. Es, más bien, una meditación sobre una vida que abasteció de grano los molinos de Haley y de Spike.

Pocos negros vivieron una vida tan llena de gloria y de tragedia como él. Martin Luther King, Jr., sí. Y quizá en menor grado Marcus Garvey, así como el fallecido cofundador de los Panteras Negras, Huey P. Newton. Como King y Newton, Malcolm X fue asesinado, pero quizá las similitudes acaben en ese punto. Porque mientras Norteamérica ha ensalzado, bendecido y encumbrado a King (más por su concepto de la no violencia que por su persona), ha ignorado y cubierto de ignominia a Malcolm (como hizo con el Dr. Newton, seguidor de Malcolm como la gran mayoría de Panteras), cuyas necrológicas abundaron en los aspectos negativos, ignorando la brillantez que desprendía toda su vida, una fuerza que arde todavía en los corazones de los negros treinta años después de su asesinato en Nueva York.

El sistema utilizó los principales argumentos en favor de la no violencia de la vida de Martin Luther King para establecer una estrategia que protegiera sus propios intereses. Cuesta imaginar cómo la nación más violenta del planeta, heredera del genocidio indio y africano, la única nación que ha tirado jamás una bomba atómica sobre una población civil, la mayor traficante de armas del mundo, el país que arrasó con más de diez millones de seres humanos en Vietnam a base de napalm (para salvarles del comunismo), el mayor carcelero del mundo, pueda enarbolar el cadáver de Martin Luther King para hacer un llamamiento en favor de la no violencia.

El partido de los Panteras Negras se consideraba a sí mismo hijo de Malcolm por lo menos muchos Panteras hombres, por los hijos que nunca tuvo (Malcolm y su esposa, la doctora Betty Shabazz, tuvieron un increíble montón de hijas), y heredó de sus enseñanzas uno de sus principios básicos de Malcolm: la autodefensa de los negros.

 Mientras la elocuente y elevada oratoria del doctor King llegaba, conmovía y motivaba a la congregación eclesial negra del sur, a las clases medias y altas y a los blancos liberales, predominantemente pertenecientes a grupos de intelectuales judíos, su mensaje no echaba raíces entre los trabajadores negros del entorno urbano del norte del país, un hecho señalado por su aide de camp, el reverendo Ralph Abernathy, que apuntó en su autobiografía que Luther King recibió en Chicago el odio glacial de los blancos y la indiferencia de los negros y casi rozó el desastre.

Los negros que vivían en el norte preferían un mensaje más definido, de mayor enfrentamiento y militancia que el basado en ofrecer la otra mejilla, y Malcolm X se lo ofrecía de manera clara y comprometida. Su mensaje sobre la autodefensa de los negros y la autodeterminación de los afroamericanos fue considerado tanto por los musulmanes practicantes como por los no musulmanes algo lógico y razonable, dado el tratamiento tan poco cristiano que habían dispensado los estadounidenses al mundo negro, mestizo, rojo y amarillo.

Los medios de comunicación, como predijo Malcolm, tratarían de homogeneizar, blanquear y distorsionar su mensaje. ¡Cuántas personas han podido leer recientemente un periódico donde se le describía como líder de los derechos civiles, término que él odiaba!

 Se habla del «ablandamiento» de Malcolm hacia los blancos después de peregrinar a la Meca, ignorando por conveniencia que continuaba denostando a los americanos blancos que seguían formando parte de un sistema racista que machacaba a los negros.

 El Malik que regresó de su viaje a la Meca encontró entre los árabes de piel blanca y los europeos convertidos al islam una unidad que hacía falta en Norteamérica. Tan enraizado estaba el racismo en Norteamérica que Malcolm/Malik sintió la intrínseca diferencia con la que los dos pueblos se veían y se describían a sí mismos. Los árabes, al llamarse blancos, se refieren simplemente al color de su piel; los norteamericanos hacen referencia a algo diferente: «Ya sabéis lo que quieren decir cuando afirman que son blancos. Quieren decir que son los jefes», tronaba Malcolm.

Malcolm y el hombre que volvió de la Meca –Hajji Malik Shabaz– fueron, tanto el uno como el otro, el azote del racismo estadounidense al que calificaban de un mal contra la humanidad y contra el dios que la había creado.

 Defendió los derechos humanos de autodefensa y de autodeterminación y murió por ellos, no por unos «derechos civiles» que, como ha demostrado a las claras el Tribunal Supremo, cambian día a día, caso a caso, administración a administración.

Diciembre de 1992

Todos los derechos reservados MAJ

 

 

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