El Pasatiempo Favorito de Estados Unidos

Mumia Abu-Jamal y Stephen Vittoria. Murder Incorporated: Empire, Genocide and Manifest Destiny. Book Two “America’s Favorite Pastime”. (Asesinato Incorporado: Imperio, Genocidio y destino Manifiesto. Libro Dos. El Pasatiempo Favorito de Estados Unidos). Prison Radio: San Francisco. 2019.Reseña sumaria: Carolina Saldaña

Como el título indica, el tema del segundo libro de tres enormes volúmenes es “el pasatiempo favorito de Estados Unidos”.  ¿Y cuál será? ¿Ofrecer educación, salud y trabajo creativo y bien pagado a toda la gente del país?  ¿Promover relaciones pacíficas con los demás países del mundo? ¿Compartir vastos recursos con las personas que sufren  pobreza,  hambre y miseria?

Pues, no. Si habíamos visto en Volumen Uno los mitos y la realidad del colonialismo, el genocidio y  la esclavitud en establecer el imperio de Estados Unidos, ahora  vemos que su pasatiempo favorito es guerra. Guerra abierta y acciones encubiertas en casa y en el mundo entero para garantizar su expansión, la consolidación de su poder y la adquisición de cada vez más riquezas. El libro es devastador.

En Volumen Dos hay un Prefacio del activista investigador S. Brian Willson; un Prólogo de los dos autores; y ocho capítulos sobre la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, las intervenciones en un país tras otro impulsadas por la CIA, el complejo industrial militar, la guerra contra Vietnam, la guerra contra Timor Oriental, el reclutamiento de muchas formas, y las  personas que han dicho NO al imperio estadounidense: Victor Jara y Ramona Africa.

Dice Mumia Abu-Jamal: “Este libro capta mucho de nuestro espíritu. También capta el espíritu del gran  historiador Howard Zinn, y creo que él  hubiera estado orgulloso de mi trabajo con Stephen Vittoria.” El libro está muy bien escrito con algo de humor y harta verdad, dice Mumia.  “Es una historia que se cuenta a sí misma sobre el Imperio desde la perspectiva de los pueblos oprimidos del mundo”.

En cada capítulo Abu-Jamal y Vittoria recurren a entrevistas, películas, artículos, poemas, reportajes, obras de arte y canciones para contar la historia de este cruel pasatiempo. Citan a escritores desde Gore Vidal a Norman Mailer; analistas desde William Blum a Chris Hedges; líderes mundiales desde Eisenhower hasta Churchill; cantantes desde Jim Morrison hasta Leonard Cohen; autores del terrorismo desde Allen Dulles hasta Henry Kissinger; humoristas desde Dick Gregory hasta George Carlin; ex militares desde Smedley Butler hasta  J. Fletcher Prouty; y estrategas desde Ché Guevara hasta Vo Nguyen Giap, para diseccionar los motivos y consecuencias de las guerras del Imperio Estadounidense, destripar sus pretextos, y revelar las maneras de venderlas al público y convencer a la gente a participar en ellas.

En su Prefacio, Brian Willson comparte sus reflexiones sobre la Guerra contra Vietnam después de haber sido un Teniente de las Fuerzas Áreas de Estados Unidos allí en 1969.

En sus comentarios sobre los “padres fundadores” de Estados Unidos, el escritor recuerda las palabras de Thomas Jefferson sobre la necesidad de poner fin a las insurrecciones de los “salvajes sin piedad”. Dice Willson que en Vietnam, “descubrí quienes eran los ‘salvajes sin piedad’ y yo era uno de ellos, junto con cientos de miles de soldados estadounidenses cuando participamos en la abominable masacre y destrucción de los vietnamitas”.

Sobre el llamado “Padre del País”, George Washington, Willson destaca que el también Comandante del Ejército Colonial ordenó a sus tropas a aplastar a los indígenas Iroquois en Nueva York quienes solían atacar a los invasores en sus tierras. Con orgullo, Washington describió la cacería de “bestias salvajes” como una guerra de “exterminio”.

“Por lo tanto”, dice, “se estableció la política de guerra total o genocidio, incluida la muerte de todos los seres humanos encontrados, la destrucción de alimentos y cultivos almacenados, la prevención de la paz, la guerra preventiva, la tierra quemada y la venganza contra quienes actuaran en auto-defensa”.

En abril de 1969, el entonces Teniente Willson acompañó a un oficial a evaluar el éxito (o fracaso) del bombardeo de un objetivo militar en Vietnam ejecutado una hora antes. Al caminar por hierbas altas, llegaron al sitio.

“A medida que avanzábamos, vi el objetivo principal: ruinas humeantes de lo que habían sido viviendas modestas con cuerpos esparcidos por todas partes, prácticamente todos napalmados, algunos todavía gimiendo, pero la mayoría presuntos muertos. Calculé 150 cuerpos, la mayoría niños pequeños. Rápidamente me di cuenta de que los únicos objetivos en Vietnam eran las personas mismas y sus modestas estructuras de aldea… No he sido el mismo desde entonces”.

Al estudiar español en Nicaragua 17 años después, Willson vivió otro estilo de intervención militar estadounidense: la “guerra de baja intensidad” de “los Contras” iniciada por Ronald Reagan  para derribar al recién elegido gobierno Sandinista. Durante la guerra que duró desde 1981 hasta1990, más de 30,000 campesinos fueron asesinados y gran parte de la infraestructura del país destruida.

“Vivimos en una cultura de guerra”, dice Willson. La guerra se glorifica mientras el presupuesto militar es alrededor de un trillón de dólares. Como si no fuera suficiente bombardear a Libia, Niger, Afganistán, Somalia, Yemen, Siria e Irak, hay casi mil bases militares estadounidenses en decenas de países. Todo esto se facilita por los medios masivos de las grandes corporaciones y un sistema de educación (en realidad adoctrinamiento) para producir ciudadanos obedientes y trabajadores sumisos. La mayoría de la gente no sabe de la historia militarizada del país, la cual aún se implementa con impunidad.

“Nuestra mentalidad colectiva ha sido colonizada sistemáticamente para aceptar lo totalmente inaceptable”, concluye Willson.

En las primeras líneas del Prólogo, Mumia Abu-Jamal y Stephen Vittoria se refieren a la clásica obra El Declive y Caída del Imperio Romano, descrita por su autor Edward Gibbon como “poco más del registro de los crímenes, locuras y desgracias de la humanidad”.  Subrayan que se podría decir lo mismo de otro imperio: el de Estados Unidos de América. Pero aun en su apogeo, el Imperio de Roma no tuvo los cientos de bases militares en todas partes del planeta que existen .en el imperio actual.  De esto, “no hay precedente histórico”, dicen.

Y no se puede hablar del imperio sin hablar del imperialismo que lo construye, explican los autores. ¿Qué significa esta palabra que casi no se usa en la conversación diaria?

“La imposición de la fuerza absoluta sobre los demás, es decir, la guerra…El terrorismo del Estado y el asesinato como un instrumento de conquista y dominio sobre los demás para doblegarlos ante la voluntad imperial”.

Desde las guerras contra los pueblos indígenas para robar su continente, hasta las batallas contra los poderes europeos para repartir el mundo, hasta las invasiones del Caribe y América Latina, hasta la irrupción en los bosques tropicales de Asia, Estados Unidos ha usado su poder marcial para promover los intereses de la clase económicamente dominante y establecerse como el mandamás global.

Y no hubiera sido posible hacer todo esto sin el espionaje, dicen Abu-Jamal y Vittoria. La CIA ha trabajado para socavar, corromper, eliminar y derribar gobiernos, y para sobornar, derrocar, y asesinar a los líderes e ignorar sus crímenes. Las guerras, igual que el espionaje, atacan la soberanía de las naciones. La riqueza de Estados Unidos ha sido utilizada para crear lo que denominan “La Fortaleza Américaen lugar de satisfacer las necesidades de la gente, especialmente de los pobres y desposeídos.

Jamal y Vittoria dan un ejemplo presentado por el escritor Mark Zepezauer sobre la manera en que el imperialismo funciona. Un ex presidente de Estados Unidos, conocido como Lyndon ‘Bullshit’ Johnson en una escuela normal en el Sur de Tejas, contestó al Embajador de Grecia, quien había protestado algunas acciones de Estados Unidos:

A la chingada con su parlamento y su constitución. América es un elefante. Chipre es una pulga. Grecia es una pulga. Si estas pulgas siguen provocando comezón al elefante, pueden ser golpeados por su trompa, golpeados duro…Si su primer ministro me habla de la democracia, el parlamento y la constitución, puede ser que él, su parlamento y su constitución no duren mucho tiempo más.

“¡Vaya!” exclaman los autores. “¿Son palabras de un presiente americano o del jefe de un cartel mafioso?”  Y contestan: “Las dos cosas… Es el imperialismo en acción: Hagan lo que nosotros queremos, o se chingan.”

Mumia Abu-Jamal y Stephen Vittoria dejan en claro que en este volumen los lectores no deben esperar bonitas historias de un patriotismo falso o sumisión a los líderes políticos. No hay tributos a figuras como Jefferson, Washington o Adams, tampoco mitos sobre las glorias del imperio.

“No les damos papillas a los jóvenes”, dicen. Les damos energía –comida que les ayude crecer, ideas para pensar, información para abrir sus ojos al imperio, específicamente este imperio asesino. Este es un libro para los jóvenes hombres y mujeres en la universidad, para trabajadores en su sitio de trabajo, para la juventud en la ‘hood’ y el barrio, para todos los que quieren saber la verdadera historia del Imperio Estadounidense…Aprendan su historia. Asúmanlo. Luego trabajen para crear una nueva. Los amamos a todos”.

CAPÍTULO 1. La guerra para terminar con todas las guerras

Nació el imperialismo estadounidense moderno con la guerra como su fuerza motriz en la mal llamada Guerra Hispano-Americana de 1898. En la disputa entre los grandes poderes mundiales para nuevas colonias, Estados Unidos se quedó con Cuba, Puerto Rico y las Filipinas. Los presidentes Theodore Roosevelt y William Howard Taft encabezaron esas conquistas, pero ningún presidente puso su sello en el Imperio Estadounidense hasta que Woodrow Wilson ganó la presidencia en 1913. Wilson ordenó invasiones de los Marines por todo el Caribe y Americana Latina; también ordenó la ocupación de Haití.

Irónicamente Wilson, quien había recibido su educación en las mejores universidades, fue considerado por muchos historiadores y académicos como un gran humanitario e idealista. Proclamó su oposición a la guerra en Europa que empezó en 1914 entre los Potencias del Eje – Alemania, Austria y Turquía—en contra de los Aliados –Francia, Gran Bretaña, Rusia, Italia y Japón. Estados Unidos fue oficialmente neutral durante tres años.

Mientras Wilson denunciaba la guerra en su campaña para la presidencia en 1916, promovió tras las bambalinas la fabricación de equipo militar y préstamos bancarios a los participantes para estimular la economía de Estados Unidos.

Al ganar la Presidencia, Wilson cambió su postura pública, y Estados Unidos oficialmente declaró la guerra contra Alemania el 17 de abril de 1917. Era necesario que el presidente enviara un millón de tropas al molino de carne en Europa, pero ¡sorpresa! Sólo 73,000 hombres se ofrecieron como voluntarios. Hubo una fuerte oposición a la guerra en muchos países incluyendo Estados Unidos. Por eso Wilson inició una campaña mediática para vender al público “la guerra para terminar con todas las guerras”. Además, Wilson logró que Congreso aprobara una ley de conscripción, la cual se implementó en base de la raza y clase social de los reclutados conforme a su propio racismo personal. Los tres millones de hombres que evadieron la conscripción fueron buscados como criminales.

Mientras surgió un fuerte movimiento contra la guerra, Wilson y sus aliados en el Congreso aprobaron  leyes cada vez más represivas, incluyendo las leyes de Espionaje y Sedición, que resultaron en el encarcelamiento y deportación de muchos activistas, como Emma Goldman y Alexander Berkman. (La ley de Espionaje todavía existe y ha sido usado en contra de denunciantes como Daniel Ellsberg, Chelsea Manning y Edward Snowden.)

Informes sobre las conversaciones de Wilson con bancarios dejaron en claro que el motivo principal para la entrada de Estados Unidos en la guerra era los intereses económicos.

La carnicería en la Primera Guerra Mundial fue pasmosa, resultando en por lo menos 16 millones de muertes y 21 millones de soldados heridos hasta el 11 de noviembre de 1918, cuando Alemania firmó un tratado punitivo que sentó las bases para la Segunda Guerra Mundial. En los últimos meses de la guerra, en agosto de 1918, 14 naciones bajo el liderazgo de Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Japón invadieron a Rusia con la meta de derrotar a los bolcheviques. Lenin entendió que la Liga de las Naciones fue, en efecto, una institución creada para garantizar el continuo dominio de los ganadores de la guerra.

En el libro Diez Días que Estremecieron el Mundo, escrito en 1919 por John Reed y convertido en la película Reds, el autor insiste en que los gobiernos mienten y mienten más sobre la guerra. Cinco años antes, él había escrito, “La situación, en breve, es ésta. Los capitalistas alemanes quieren más ganancias. Los capitalistas ingleses y franceses quieren todo”.

Jamal y Vittoria también hablan de la película Paths of Glory (La patrulla infernal) de Stanley Kubrick como uno de las mejores películas anti-guerra de todos los tiempos, que “…yuxtapone la sangre y brutalidad del campo de batalla con la fría y calculadora esterilidad de las salas de juntas corporativas de los hombres viejos que habitualmente envían a los jóvenes a matar y morir”.

Y citan el jubilado General Smedley Butler:

 La guerra es una estafa. Siempre lo ha sido…En la Guerra Mundial un mero puñado obtuvo los beneficios del conflicto. Al menos 21,000 nuevos millonarios y multimillonarios se hicieron en Estados Unidos durante la guerra…Y no olvidemos a los banqueros que financiaron la guerra. Si alguien tenía la crema de las ganancias, eran los banqueros. Sus ganancias eran tan secretas como inmensas… ¿Y quién paga las cuentas? Todos lo hacemos. En impuestos…Pero el soldado paga más. Si no lo creen, visiten a los panteones. Visiten a los hospitales para veteranos…En el hospital público en Marion, Illinois, hay 1,500 jóvenes encerrados en jaulas con barras de acero y alambres…Ya han sido mentalmente destruidos. Ni siquiera parecen seres humanos.”

CAPÍTULO 2. La guerra después de la guerra para terminar con todas las guerras

La Segunda Guerra Mundial estalló el 1 de septiembre de 1939 entre las Potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón) y los Aliados (Inglaterra, Francia y la Unión Soviética). Después del bombardeo de Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, Estados Unidos se unió a los Aliados. La guerra se peleó en Europa, Asia, el Pacífico, la Unión Soviética y el Norte de África,  hasta terminar en 1945 con la rendición de Alemania el 8 de mayo y de Japón el 2 de septiembre.

En este capítulo Mumia Abu-Jamal y Stephen Vittoria analizan los mitos y la realidad de la guerra y rechazan los pretextos de Estados Unidos por su papel en la destrucción de más de 70 – 85 millones de  vidas en la conflagración.

El mito central es que la Segunda Guerra Mundial era una guerra buena,   tal vez inevitable, para parar a Hitler y su holocausto contra los judíos.

Un mito asociado es la responsabilidad de Japón por la entrada de Estados Unidos en la guerra mundial.

La guerra buena e inevitable. Desde 1933, el gobierno nazi había despotricado contra los judíos y expresado su intención de “limpiar” Alemania de ellos.  Pretendió hacer su vida tan insoportable que huirían a otros países para vivir. Estados Unidos sería el lugar ideal para darles alivio. En estos años decenas de miles de judíos intentaron entrar en el país, pero la política discriminatoria de inmigración adoptada en 1925 no permitió su ingreso.

El Senado federal aprobó una resolución en contra del tratamiento de los judíos en Alemania, pero el Departamento de Estado logró enterrarla en un comité. El Presidente Franklin Delano Roosevelt (FDR) convocó a un congreso asistido por más de 30 países para encontrar soluciones para el asunto, pero sólo resultó en inacción. La renuencia de Estados Unidos y Gran Bretaña a cambiar su propia política de inmigración envió un mensaje a los otros países para que ellos tampoco tuvieran que hacerlo.

El incumplimiento de la prensa, y especialmente del New York Times en reportar sobre los horrores del Holocausto fue especialmente vergonzoso. Su dueño, Arthur Sulzberger, era judío que favorecía la asimilación y pensó que un gran ingreso de refugiados judíos podría hacer la vida de sus socios incómoda.

En fin, nadie hizo nada y el país que entró en una “guerra buena” en contra del Holocausto no ofreció ningún alivio a las víctimas.

Pero Hitler sí tuvo apoyo en Estados Unidos ¡y mucho! Standard Oil de Nueva Jersey suministró combustible para los U-Boats; Ford le construyó tanques; ITT construyó bombas de cohetes; Chase Manhattan financió las actividades de los Nazis en París; General Motors construyó vehículos; e IBM aportó la tecnología para identificar, vigilar, expulsar, guétoizar, deportar y exterminar a los judíos. Estas empresas hicieron grandes fortunas por su colaboración con los Nazis.

En febrero de 1945, cuando la guerra contra la agresión nazi se había terminado, la ciudad de Dresden, Alemania, fue conocida como una ciudad de hospitales, sin capacidad para la defensa. Dos años antes, el destino de esta ciudad fue determinado en una reunión en Casablanca, donde los Aliados decidieron que una campaña masiva de bombardeos sobre Alemania destruiría la voluntad de la gente a resistir. Cuando la tormenta de fuego se desató en Dresden, la destrucción y muerte estaban a un nivel nunca previamente imaginado. Nadie sabe exactamente cuántas personas fueron incineradas (entre 25 mil hasta 250 mil), pero un piloto recordó: “Pude ver las llamas a una distancia de 500 millas de Dresden. En una entrevista para Rolling Stone en 2006, Kurt Vonnegut recordó: “Hubo demasiados cadáveres para sepultar. Por eso los alemanes enviaron tropas con lanzallamas. Los restos de todos esos civiles fueron quemados hasta las cenizas”.

Japón: Un ataque provocado. El 8 de diciembre de 1941, el Presidente Franklin Delano Roosevelt (FDR) informó al Congreso de Estados Unidos que el día anterior las fuerzas navales y aéreas del Imperio de Japón habían atacado la Flota del Pacifico de Estados Unidos en Pearl Harbor, Hawaii. Un total de 2,402 estadounidenses murieron y 1,300 sufrieron heridas del bombardeo desde 353 aviones japoneses.

El historiador Charles A. Beard reportó que el ataque resultó de una serie de provocaciones del mismo  FDR, pero sus alegaciones fueron inmediatamente borradas por el historiador oficial de la corte.

Después de una investigación de 17 años, el autor y fotógrafo naval Robert Stinnett constató que “la provocación a Japón fue la política principal tras las acciones de Roosevelt”.

En su libro Soñando Guerra, Gore Vidal pregunta: ¿Por qué? Contesta: “Él quería tenernos en una guerra contra Hitler, pero 80% del pueblo estadounidense no quiso estar en ninguna guerra europea después de la decepción de 1917. Él no pudo hacer nada para mover un electorado aislacionista.”

El profesor Bruce Russett agrega que el factor clave fue el embargo americano, británico y holandés en el envío de materias primas estratégicas a Japón.

Abu Jamal Y Vittoria enfatizan que al pequeño imperio con una población creciente  le hacía falta espacio para expandir y más materias primas para existir. Japón también quiso ser un jugador mayor en el escenario mundial que podría competir con otros países.

Los autores citan a Howard Zinn: “ Mientras Japón se mantuvo como un miembro bien portado del club imperial de los Grandes Poderes, quienes de acuerdo con la Política de Puertas Abiertas compartían la explotación de China, Estados Unidos no se opuso a Japón”.

Sin embargo, dice Vidal, el problema ocurrió cuando Japón amenazó a los mercados potenciales de Estados Unidos al intentar apoderarse de China. Ahí estuvo el conflicto. Washington evitó cualquier solución que llevaría a la paz. Exigió que Japón saliera de China y de Indochina. Japón se negó a hacerlo. Y el resultado fue la guerra.

Campos de concentración. El 19 de febrero de 1942, Presidente Franklin Delano Roosevelt firmó el Decreto Ejecutivo 9066, ordenando el traslado de más de 110,000 mujeres, hombres, niñas y niños japoneses a los “Campos de Reubicación”, principalmente en el estado de California, pero también en Arizona, Wyoming, Colorado, Idaho y Utah.

Aproximadamente dos tercios de estas personas eran ciudadanos estadounidenses detenidos sin orden de arresto  o audiencia a pesar de no haber cometido ningún acto de violencia, espionaje o sabotaje.  Fueron aventados a casuchas precarias sin sus posesiones, sin ropa excepto lo que llevaban, sin cobijas, sin trabajo, sin dinero, sin nutrición, sin atención médica. Muchos llegaron a tener graves problemas psicológicos.

Estas atrocidades fueron cometidas después de que algunos militares desquiciados como el General John De Witt gritaron ¡Ya vienen los ‘Japs’! ¡Ya vienen los ‘Japs’! (como el Capitán Queeg en El Motín de Caine, dicen los autores).  Alegaron que miles de japoneses iban a invadir por tierra y cielo toda la Costa Oeste de Estados Unidos.

El 11 de abril de 1943, el señor James Wakasa, 63 años de edad, fue asesinado por un guardia mientras él estaba de pie cerca de una valla. Los líderes de los internos exigieron una investigación profunda del asesinato y un funeral en el lugar del incidente. Al principio las autoridades dijeron que no, pero la gente encarcelada hizo una huelga, cerrando todas las operaciones del campo. Eventualmente se celebró el funeral pero el policía fue encontrado “no culpable”. Según una fuente, esta información fue censurada del periódico del campo para evitar huelgas o motines.

El virulento racismo abierto fue el motivo principal en la maniobra que obligó a personas japonesas a vivir en jaulas durante cuatro años en uno de los episodios más abominables de la historia de Estados Unidos, dicen Abu-Jamal y Vittoria. A pesar de algunos estudios e investigaciones que han sido conducidas en años posteriores, la gran mayoría de los ciudadanos de Estados Unidos aun no tienen la menor idea de esa vergüenza.

Bombas incendiarias sobre Tokyo. Durante el gobierno del Presidente Harry Truman, el alocado General Curtis LeMay, trabajando con Robert McNamara,  decidió realizar bombardeos nocturnos desde baja altura con napalm con el objetivo de arrasar las ciudades japonesas cuyas casas estaban construidas principalmente con madera. La noche del 9 al 10 de marzo de 1945, 279 aviones B-29 llegaron a Tokio para lanzar 1700 toneladas de bombas incendiarias de napalm M69 sobre la ciudad, así desatando un incendio que destruyó una gran parte de la ciudad.  Robert McNamara, quien después sería presidente de la Ford y el Secretario de Defensa de EEUU, dijo en el filme, La niebla de guerra,

“Quemamos a 100,000 civiles hasta la muerte en Tokyo—hombres, mujeres, niñas y niños. Me dijo LeMay: ‘Si hubiéramos perdido la guerra nos habrían enjuiciado como criminales de guerra’. Y creo que tiene la razón. Él, y yo, nos estábamos comportando como criminales de guerra”.

Abu Jamal y Vittoria: “Bob, ustedes no se estaban comportando como criminales de guerra. SON criminales de guerra. Si David Berkowitz era un asesino en serie, ustedes también lo son, excepto que el número de total de sus víctimas se elevan solemnemente sobre los del Son of Sam”.

Hiroshima y Nagasaki.  Dice Truman Nelson en El Derecho a la Revolución (1967)

“Hubo un destello cegador. La bola de fuego cayó al suelo. Un viento sopló furiosamente por las calles de la ciudad. Un viento que se podía ver. Un viento de llama sólida… Todos los tocados por el viento  murieron instantáneamente; la gente a una milla de distancia sintió que su piel se despegaba y colgaba como tiras de tela.Tres días después, el 9 de agosto de 1945, el presidente de los Estados Unidos ordenó lanzar otra bomba, esta vez en Nagasaki. Ahora hubo un patrón predecible: primero, un calor tremendo, alrededor de 50,000,000 grados centígrados… Cerca de 100,000 personas fueron asesinadas de una vez, pero otras 200,000 en Hiroshima y Nagasaki han estado muriendo dolorosamente durante los últimos veintidós años”.

Todos los asesores militares del Presidente Harry Truman estaban en contra del bombardeo nuclear: Dwight D. Eisenhower, William Leahy y Curtis LeMay porque sabían que Japón ya estaba derrotado y buscaba la manera de rendirse.

Poco después de la guerra, el Grupo de Encuesta de Bombardeo Estratégico de EE. UU. dirigido por el propio Presidente Harry Truman para examinar los ataques aéreos en Europa y Japón durante la Segunda Guerra Mundial, publicó esta conclusión sobre Hiroshima y Nagasaki en julio de 1946:

Basado en una descripción detallada de todos los hechos y respaldado por el testimonio de los líderes japoneses sobrevivientes involucrados, es la opinión de la Encuesta que ciertamente antes del 31 de diciembre de 1945, y con toda probabilidad antes del 1 de noviembre de 1945, Japón se habría rendido incluso si las bombas atómicas no hubieran sido lanzadas, incluso si Rusia no hubiera entrado en la guerra, e incluso si no se hubiera planeado ni contemplado ninguna invasión.

¿Por qué? Entonces, preguntan los autores, si el objetivo del bombardeo no era de obligar a Japón a rendirse ¿Por qué lo hicieron?

Otra vez, Gore Vidal sale con la respuesta: “Truman no usaba mucho el cerebro  y no sabía qué hacía… Pensó que la bomba era buena idea; además Estados Unidos necesitaba un enemigo… ¿Cuál mejor que Stalin y el comunismo?

Así empezó la Guerra Fría. La Segunda Guerra Mundial ayudó al Imperio Estadounidense a crecer y ser más peligroso mientras buscaba dominar al mundo.

CAPÍTULO 3. Las intervenciones y la CIA, un instrumento del imperialismo

Después de la Segunda Guerra Mundial el Presidente Harry Truman ayudó en iniciar el Estado de Seguridad Nacional, un plan que definió las fuerzas militares y el “complejo industrial militar” como las autoridades más altas del país. Como parte de la estrategia de la Guerra Fría, se aprobó la Ley de Seguridad Nacional en 1947, la cual estableció el Estado Mayor Conjunto, el Consejo de Seguridad Nacional y la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Se validó un régimen totalitario disfrazado como la democracia más grande jamás vista en el mundo –un imperio moderno que funcionaría como una parte plutocracia y otra parte oligarquía.

En un contexto de “guerra total”, el Estado de Seguridad Nacional moviliza cualquier recurso posible para asesinar a sus enemigos, sean combatientes o civiles, para ganar el completo control político-económico a escala masiva.

En 1947, una de las primeras tareas fue la difusión de propaganda para crear paranoia y temor. Con antecedentes anti-comunistas en las audiencias desde 1938 del Comité sobre Actividades Anti-Americanas en el Congreso (HUAC) y su versión en el Senado encabezado por el adorable Joe McCarthy, el mensaje de miedo se difundió en periódicos, revistas, películas, libros de texto, carteleras y programas de televisión diariamente durante décadas.

“¿Qué había en la Revolución Bolchevique que alarmó tanto a las naciones más poderosas del mundo?” pregunta William Blum en su libro Killing Hope (Matando la esperanza). Y contesta: “Los Bolcheviques tuvieron la osadía de derrocar un sistema capitalista-feudal  y proclamar el primer estado socialista en la historia del mundo…”  Sean cuales fueren los errores de la Unión Soviética, la población estadounidense fue sometida a un adoctrinamiento anti-comunista durante todo el Siglo XX, dice Blum, hasta que aquel Satán fue reemplazado por un nuevo enemigo: el terrorismo.

Con respecto al establecimiento de la CIA, el periodista Tim Weiner escribe que el Presidente Truman en realidad no quería una organización de espionaje, sino una agencia de información para mantenerlo informado sobre los eventos del mundo. Sin embargo, el antecesor de la agencia, la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), creada para actuar en tiempos de guerra, sí se dedicó al espionaje. Su director, un soldado/cowboy carismático conocido como ‘Wild Bill Donovan’ esperaba encabezar la nueva entidad, la CIA. Se reconoce como el padre de la Inteligencia Central y por su declaración: “En una guerra global y totalitaria, la inteligencia tiene que ser global y totalitaria”. Todos los subsecuentes directores de la CIA fueron reclutados por Wild Bill: Allen Dulles, Richard Helms, William Colby y Bill Casey. Aunque FDR había designado a Donovan jefe de la OSS, tuvo sus dudas y comisionó una investigación que salió muy desfavorable a él. Al leer el informe, Truman decidió no nombrarlo. Cabe mencionar que el informe fue preparado, en parte, por J. Edgar Hoover, quien también soñó con encabezar una red internacional de espionaje.

Hoy en día el Complejo Industrial Militar y de Inteligencia sigue creciendo en medio de un imperio explosivo. “El papel de la CIA es de hacer el mundo seguro para los Fortune 500”, dice el historiador y analista Michael Parenti. “La CIA no es un poder por cuenta propia. El pensar que la CIA crea estas políticas o este Imperio es como pensar que el caballo organiza la carrera de caballos”.

La CIA es un instrumento del imperialismo, dicen Abu-Jamal y Vittoria, y por eso un instrumento de la clase dominante que protege sus intereses financieros en cualquier lugar donde las corporaciones logran meterse.

Capítulo 3 contiene párrafos sobre las siguientes intervenciones sucias promovidas por la CIA y asuntos relacionados:

China 1943-1949, Italia 1947-1948, Grecia 1947-1948, Filipinas 1945-1953, Corea del Sur 1945-1953,

EEUU 1949-1975, Albania 1945-1953, Alemania 1950s, Irán 1953, Guatemala 1954, Egipto 1950s, Indonesia 1960s, Guayana Británica 1953-1964, Vietnam !945-1973, Camboya 1955-1973,

Congo/Zaire 1960-1965, Brasil 1961-1964, República Dominicana 1963-1966, Cuba 1959 – ???,

Chile 1964-1973, Grecia 1964-1974, Bolivia – 9 de octubre de 1967, Operación Caos 1959…,

Timor Oriental 1975…, Gary Webb – Nicaragua, Granada, Libia, Noriega, Blowback, Los hermanos Dulles, Allen Dulles

CAPÍTULO 4. El complejo militar-industrial

En su discurso de despedida el 17 de enero de 1961, el Presidente Dwight D. Eisenhower dijo:

En los consejos de gobierno debemos estar alertas contra la adquisición de influencias indebidas, sean buscadas o no, del complejo militar-industrial. Existe el potencial para un desastroso crecimiento de poder en las manos equivocadas, y esto persistirá.

Sus palabras eran proféticas pero indebidamente glorificadas por muchos activistas anti-guerra, dicen Abu-Jamal y Vittoria, porque Eisenhower era una figura esencial en el creciente complejo militar-industrial.

“Ike” asumió la jefatura de la OTAN después de la Segunda Guerra Mundial y adoptó la política de Harry Truman de usar fuerza militar para resolver problemas en lugar de acciones diplomáticas que buscaban paz. Durante su gobierno hubo golpes de estado y asesinatos perpetrados por la CIA en Irán, Guatemala, Guayana Británica, Indonesia y Cambodia, además de la Invasión de la Bahía de Cochinos en Cuba.

Desde hace 1957, Eisenhower había postulado una versión actualizada de la Doctrina Monroe (1823) que originalmente se entendió como “América para los Americanos”, pero después dictaba la hegemonía de Estados Unidos en un vasto territorio que incluía el Medio Oriente, con represalias masivas contra cualquier intento “comunista” de  violar el espacio y acaparar de las reservas petroleras ahí. Esto implicó el aumento de armas convencionales y nucleares”.

Un imperio global no sólo requiere de una masiva fuerza militar sino también de un fuerte adoctrinamiento, una inmensa cantidad de propaganda, un río de desinformación y la propaganda de agitación estratégica, Eisenhower se empeñó en asegurar todo esto.

Señales históricas. El gigantesco complejo militar no empezó con Truman o Eisenhower; sus orígenes se encuentran en los esfuerzos del joven Alexander Hamilton para reforzar la seguridad nacional en el año 1783.

Después de más de un siglo de terror, saqueo y extermino en contra de los pueblos indígenas, hubo cientos de las batallas de conquista, agresión y expansión contra México, Hawaii, España, Cuba, las Filipinas y China respaldadas por el banco de los grandes negocios. Y las conquistas no se lograron con palos y piedras. Desde el principio hubo contratos con fabricantes de armas.  Las prácticas de un gobierno tras otro durante el Siglo XIX para comprar armas de empresas privadas sentaron las bases para una industria militar permanente.

Después de la Primera Guerra Mundial cuando veteranos protestaron para exigir pagos de recompensa por sus horribles heridas y enfermedades, Pierre DuPont y otros empresarios que se beneficiaron en grande  por la guerra presionaron al Presidente Herbert Hoover a ordenar acciones brutales contra ellos. Hoover, a su vez, envió a los generales Douglas MacArthur y George S. Patton a atacarlos con seis tanques de combate, bayonetas y gases lacrimógenos. En 1924, el Presidente Calvin Coolidge vetó una ley aprobada por el Congreso que concedía pagos a más de cuatro millones de veteranos. ¿Y quién era el oficial auxiliar de MacArthur? Ni más de menos de Dwight David Eisenhower.

Durante el Siglo XX, los mercados financieros domésticos y mundiales se volvieron socios entusiastas en el lucrativo negocio de guerra. Sólo en la Segunda Guerra Mundial, sacaron 300 mil de millones de dólares en ganancias. Cabe mencionar que los fabricantes y financieros no sólo hicieron contratos con Estados Unidos, sino con sus enemigos también.

Durante la Guerra Fría, Estados Unidos se volvió el policía del mundo, observó Gore Vidal. Y los líderes convencieron a la gente a apoyar inmensos presupuestos militares en tiempos de paz. ¿Cómo lo hicieron? De nuevo, con la manipulación del miedo.

El tremendo crecimiento del Complejo Militar-Industrial en los años 50 y 60 fue el resultado de la avaricia de los contratistas de defensa. Aunque parece increíble, muchos estadounidenses creen el cuento de  hadas de que sus líderes promueven la libertad y bienestar del mundo mientras los protegen con un armamento masivo y costoso.

Arsenal de horror. Cuentan Abu-Jamal y Vittoria que ahí en la sala de visitas de la prisión Mahanoy, donde Mumia está encerrado, platicaron del Complejo Militar-Industrial como contexto para la Guerra contra Vietnam.

En todas sus conversaciones sobre esto, sólo han notado un aspecto positivo: “El público por fin vislumbró al monstruo”. Es decir, antes de 1964, el Pentágono fue infalible en los ojos de la prensa y por ende, de la gente. Pero con respecto a Vietnam, Washington perdió el control del mensaje, de la prensa,  de sus soldados y de la guerra, por haber subestimado el llamado “enemigo”  que furiosamente resistió el ataque contra sus tierras y su soberanía.

Los autores citan las cifras de 57% del presupuesto federal dedicado a gastos militares desde 1947 a 1967, mientras sólo 6 % se dedicó a salud, educación, vivienda, trabajo y desarrollo comunitario.

En un breve repaso de la historia colonial de Vietnam, encontramos que los franceses perdieron dos veces. Primero en septiembre de 1940 cuando Japón imperial los echó fuera de su colonia. Y luego el 7 de mayo de 1954, en la batalla de Dien Bien Phu  que duró casi dos meses,  un ejército de campesinos vietnamitas encabezado por el General Vo Nguyen Giap derrotó a los franceses.  “Con la cola entre las patas, los franceses empacaron su Beaujolais y huyeron para Europa”, dicen los autores.

Mientras las autoridades estadounidenses organizaban el genocidio que estaban por cometer en Vietnam, orquestaron enormes márgenes de ganancias para el Complejo Militar-Industrial, que serían pagadas por los contribuyentes del país. Durante este periodo los líderes y planeadores estadounidenses seriamente consideraron el uso de armas nucleares en Vietnam. No olvidemos la recomendación del afable General Curtis LeMay: Bombardearlos hasta la Edad de  Piedra.

En 1960 John F. Kennedy ganó la presidencia de Estados Unidos y ese año el Frente de Liberación Nacional (llamado también Viet Cong) se levantó contra el gobierno títere de Ngo Dinh Diem en el Sur de Vietnam. Kennedy llevó 16,000 “asesores militares” al país y defendió a Diem y una serie de gobiernos títeres hasta su muerte en 1963.

El 7 de agosto de 1964, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Resolución del Golfo de Tonkín, por la que se autorizó al presidente Johnson a iniciar, abiertamente, y sin declaración de guerra, operaciones militares en Vietnam del Norte.

En marzo de 1965,  3,500 Marines desembarcaron en DaNang en el Sur de país, y hubo bombardeos masivos y ataques a objetivos industriales en el Norte.

A finales de los años 60, un amplio movimiento anti-guerra logró que el público se volviera en contra de la guerra. Los Acuerdos de Paz de París se firmaron en enero de 1973, poniendo fin a los ataques estadounidenses por aire y tierra en marzo. La Ofensiva Tet del Ejército Vietnamita de Liberación resultó en la caída de Saigon en abril de 1975 y la unificación de Vietnam del Norte y Vietnam del  Sur en julio de 1976.

En este capítulo, Abu-Jamal y Vittoria analizan el Complejo Militar-Industrial durante la Guerra en Vietnam en términos de ganancias y pérdidas. Aunque muchas personas argumentan que Vietnam ganó la guerra contra el poder militar más grande del mundo al lograr su independencia y poner fin al colonialismo, los dos autores plantean que los grandes ganadores fueron las corporaciones, las universidades donde inventan productos como el napalm, y los políticos. La guerra es comercio, dicen. Vietnam fue una guerra para sacar tremendas ganancias. Y lo hicieron con la ayuda de las “putas de guerra”, principalmente los diputados y senadores  comprados y vendidos por intereses militares.

Durante los años 80 y 90 hubo algunos retrocesos en las ganancias para el Complejo Militar-Industrial. Después de 1991, la Unión Soviética dejo de existir y no hubo desafíos al Imperio Estadounidense, pero no hubo ninguna bonanza de guerra hasta el ataque contra las Torres Gemelas el 11 de Septiembre de 2001. ¡Desde hace tiempo nada había revitalizado el Complejo como esto! Mientras muchos ciudadanos preguntaron ¿por qué nos odian? los vendedores de armas ganaron el jackpot en un golpe de estado con Bush, Cheney y la empresa petrolera Halliburton.

El día después del ataque, Hunter Thompson hizo una predicción de “guerra para el resto de nuestras vidas”.  Y será una guerra carísima con los impuestos gastados en armas, mercenarios, fuerzas del contraterrorismo y seguridad de la patria, bases militares, y aviones no tripulados (drones) dijo.

Con esto el país se entregó a los militaristas y se promovieron las invasiones de Afganistán e Irak.

Dijo Chris Hedges:

La solución militar suena como una alternativa positiva. Tiene fachada de orden. Pero orden en las fuerzas militares es afín a la esclavitud. Es el orden de una prisión, donde les gustaría encarcelar a cualquier ciudadano que cuestione su irrestricto derecho a convertirnos todos en reclutas descabellados.

Se trata de sobrevivir, dice Chomsky.

CAPÍTULO 5. Vietnam

En los 1850s, el oficial naval más afamado de Estados Unidos, el Comodoro Matthew Perry, explicó su visión del futuro de Asia con una certeza inusual:

No hace falta un sabio para predecir eventos tan fuertemente prefigurados: Hacia el Occidente el curso del Imperio toma su rumbo…El pueblo americano, de una manera u otra, extenderá su dominio y su poder hasta abrazar las islas del gran Pacífico y llevar la raza anglo-sajona a la costa oriental de Asia.

Mumia Abu-Jamal y Stephen Vittoria afirman que durante dos décadas y media, los estadounidenses habían escuchado ad infinitum que no se podría permitir que Vietnam cayera en las manos de los comunistas, porque esto produciría un “efecto dominó” a través del cual un país tras otro caería y “nosotros” podríamos perder Asia.  (Olvídense por un momento que “nosotros” nunca fuimos los dueños de Asia, dicen los autores, pero eso fue el tenor de los noticieros que provocaron una condición nerviosa contagiosa.)

Cuando Francia perdió el control de Vietnam en 1954, Washington envió oficiales militares para “asumir la carga del hombre blanco”, es decir, cumplir con sus obligaciones coloniales, según el poeta Rudyard Kipling. Pero no les fue tan fácil porque en 1945 un patriota vietnamita llamado Ho Chi Minh había declarado la Independencia de la República Democrática de Vietnam. Ho creyó en los ideales de los padres fundadores de Estados Unidos y durante un rato trabajó con la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) de Estados Unidos en contra de la ocupación japonesa de Vietnam. Sin embargo, Harry Truman ni siquiera contestó sus cartas expresando apoyo.

Cuando el General Giap, el comandante militar de Ho, con su ejército campesino y tácticas guerrilleras derrotó al ejército francés en 1954, dijo: “Dame un ejército dispuesto a morir y derrotaré a cualquier ejército dispuesto a asesinar”.

Ese mismo año todas las naciones principales del mundo excepto Estados Unidos firmaron los Acuerdos de Génova. Entre otras cosas, los acuerdos llamaron a elecciones para reunificar Vietnam. ¿Por qué no firmó Estados Unidos? preguntan los autores. Y contestan: “Porque si Jesucristo hubiera bajado de la cruz  para postularse en la elección, Ho Chi Minh le habría ganado con los ojos cerrados”.

La CIA manda. La gran parte de la culpa por el debacle de Vietnam es de la CIA, dice L. Fletcher Prouty, un oficial militar de alto rango. Prouty también había trabajado para la Agencia durante casi una década, y conoció bien sus maniobras siniestras. Su tesis central es que la CIA maneja todo para el beneficio de las grandes corporaciones y que los políticos son un obstáculo para las élites poderosas que los apoyan y también los sabotean. En Vietnam esas maniobras aseguraron que las enormes cantidades de capital iban a las industrias de defensa.

El terror en el campo. El apremiado periodista Nick Turse ha escrito un impactante informe sobre el terror infligido a la gente de Vietnam. La masacre de My Lai, que abrió los ojos de millones de personas a finales de los años 60, no fue nada fuera de lo común, dice Turse. De cierta manera fue utilizada por los medios corporativos para ocultar otras matanzas aún más terroríficas. Una manera de lograr esto fue el uso de términos racistas como “gooks” para humillar y destruir a los vietnamitas y demostrar la superioridad de Estados Unidos sobre la nación campesina de Vietnam.

Turse comparte una pieza escrita en la revista Esquire el 23 de septiembre de 1966 por el reportero Norman Poirer que cuenta la embestida desgarradora de un grupo de Marines que irrumpieron en la aldea Xuab Ngoc en la humilde casa del carpintero y agricultor de arroz Nguyen Luu, de 61 años. Mientras destruían su credencial de identificación, lo golpearon, patearon y acuchillaron al hombre desarmado;  sus sobrinas gritaban en terror mientras su esposa fue manoseada  y su hermana pateada…

“…Estas barbaridades fueron repetidas en por lo menos cinco o seis hogares sin que los Marines encontraran una sola pieza de evidencia o información sobre el enemigo…Luego irrumpieron en el hogar de Bui Thi Huong, de 18 años y su esposo Dao Quong Thing, un campesino demasiado enfermo para estar en el ejército. Lo acusaron de ser del Viet Cong, un ‘VC’, y lo golpearon hasta que casi perdió la conciencia. Luego lo pusieron en frente de su casa con sus aterradas familiares: mamá, hermana y dos niñas…Agarraron a Bui Thi Huong y la arrastraron a un lado de la casa. Un Marine puso su mano sobre su boca y los demás anclaron sus brazos y piernas al suelo. Arrancaron su pantalón, desgarraron su camisa y la manosearon. Luego empezó la violación en pandilla. Primero un Marine, luego otro. Cinco…Cuando una niña gritó, la pegaron una u otra vez con un rifle. Cuando su esposo gritó en protesta, casi lo mataron…Los Marines explotaron una granada y reportaron ‘3 VCs muertos’”.

Increíblemente Bui thi Huong sobrevivió el ataque y contó su historia. Sin embargo tres de los hombres involucrados fueron absueltos y otros cuatro recibieron sentencias carcelarias muy cortas.

Opinan Abu-Jamal y Vitorria que esta historia nos revela mucho sobre cómo los estadounidenses veían a la gente en esas tierras. Eran el proverbial “otro”: No blancos, Budistas, habladores de una lengua extraña, posiblemente del Viet Cong, VC gooks. Ya saben, no como ‘nosotros’. Inhumanos.

Turse confirma que su capacitación en el Ejército vino desde arriba. Otro veterano le dijo que su entrenamiento lo dejó con una certeza sobre ‘el enemigo’: “cualquier cosa con los ojos sesgados que vive en una aldea. No importa que sea mujer o niño”. Fíjense, dice Turse, que dice “cualquier cosa” y no “cualquier persona”. Agrega la opinión de un alto mando: “Y qué les importa que unas pocas mujeres y niños fueran asesinados…Les va a dar una maldita lección. Todos son VC o por lo menos los ayuda…No los pueden convertir, sólo matarlos”.

El entrenamiento básico: ¿Cómo se convierte un ser humano en un matón desalmado? Esta formación no empezó en Vietnam, dicen nuestros autores Abu-Jamal y Vittoria. Es el resultado de una educación rígida, conservadora y temerosa que resulta en una clase militar capaz de seguir los mandatos de sus superiores sin preguntas o escrúpulos. Viene desde los fundadores del país. Pero para muchos jóvenes, este ejercicio en la absoluta brutalidad y locura viene desde el entrenamiento básico en las fuerzas militares.

Consideremos el testimonio de Claude Anshin Thomas, ahora un monje zen pero una vez un desdichado recluta:

“Tendríamos una inspección de los cuarteles y un oficial con guantes blancos llegaría. Si hubiera la más mínima cantidad de polvo en el lugar, él se pondría a gritar obscenidades a todo volumen. Tiraría  los casilleros y nuestras literas, echando nuestras cosas al suelo. Luego nos daría 20 minutos para recoger todo.  Por ningún motivo claro, tendríamos que limpiar el suelo del cuarto del baño y rasurarnos sin agua. Un sargento emborrachado nos obligaba a estar en la lluvia helada en ropa interior con nuestras botas totalmente atadas, nuestro bronce del cuello en una mano y nuestra hebilla de cinturón en la otra, todos bien pulidos. La crueldad emocional, psicológica y espiritual de todo esto no tuvo sentido. Lo que no entendí en aquel entonces es que me estaban quebrando y luego construyendo en la imagen que ellos querían. Lo resistí y por eso lo pasé mal”.

 Pero todo esto no era inusual para los hombres que vivieron el entrenamiento básico, dicen Abu-Jamal y Vittoria. Claude Thomas recuerda de lo que finalmente lo hizo aceptable para los dirigentes de aquella masacre perpetua en el Asia Sudeste:

“Durante el entrenamiento básico me enseñaron a odiar. En el campo de tiro disparamos a dibujos que parecían ser personas. Estábamos aprendiendo a matar a seres humanos. Era necesario enseñarnos a hacerlo. Era el trabajo de los militares. Su trabajo se hace en una variedad de maneras sutiles y no tan sutiles. Cuando terminábamos en el campo de tiro, teníamos que apilar nuestras armas de cierta manera. Un día yo iba a poner mi arma en el montón y se me cayó.  El sargento gritó que yo no estaba cuidando mi rifle, la cosa más importante en mi vida…El tipo medía 190.5  centímetros y yo 173. Luego sacó su pene y me orinó en frente de todos los demás.  No me permitieron bañar durante dos días. Sentí una vergüenza tan profunda que no pude manejarla. Sólo sentí rabia. No podía actuar contra él o me mandarían a la cárcel. Por esto dirigí mi rabia al “enemigo”…

Lo que sí se puede constatar, dicen nuestros autores,  es que la superpotencia de Estados Unidos gastó fortunas inéditas y exterminó a millones de personas mientras hizo todo lo posible para crear la nación que quería— ¡y fracasó!

CAPÍTULO 6. Timor Oriental: Un golpe más de Kissinger

En esta larga historia de imperio, genocidio y destino manifiesto, tal vez la historia menos conocida es la de la guerra apoyada por Estados Unidos y su arquitecto Henry Kissinger en una hermosa isla en el Océano Pacífico.  Durante 42,000 años los pescadores y agricultores ahí vivieron una vida sencilla. Marchantes de India y de China llegaron a veces para comerciar en oro, plata y porcelana. El producto que más vendieron en Timor fue el sándalo. El problema empezó con el colonialismo, en este caso los portugueses, quienes llegaron en 1515. También llegaron los frailes dominicos con el evangelio de Jesucristo y sus métodos para civilizar a los paganos.

En 1749,  los portugueses y los holandeses se pelearon por el control de la isla y los portugueses quedaron con la mitad oriental. Los holandeses ocuparon la mitad occidental y también el archipiélago de Indonesia.

Durante 400 años la gente del Timor Oriental vivió bajo la colonización portuguesa. Hubo rebeliones en 1910 y 1912, las cuales fueron aplastadas con las muertes de miles de personas. Durante la Segunda Guerra Mundial Japón ocupó la isla durante tres años, asesinando entre 50,000 y 70,000 personas  y sometiendo a la población a trabajo forzado, violaciones y hambre.

En Indonesia, la población había ganado su independencia en 1945, bajo el liderazgo del carismático Achmed Sukarno, quien se volvió el primer presidente del país. Sukarno nacionalizó las empresas y los recursos que habían sido acaparados por los holandeses e hizo reformas sobre el reparto de tierras. Permitió el crecimiento del Partido Comunista, el cual se transformó en el FRETELÏN (Frente Revolucionario para un Timor Oriental Independiente) con una membrecía de tres millones de personas que trabajó por la independencia de Indonesia. FRETELÍN también tuvo una amplia popularidad en todas partes del Timor Oriental, donde sus integrantes fueron recibidos con mucha calidez.

Sin embargo, William Blum reporta que en 1965, el cruel General Suharto, con el pleno apoyo de la CIA, empezó a llevar a cabo cientos de matanzas, asesinando entre medio millón y un millón de comunistas o simpatizantes. No tardó en derrocar al gobierno de Sukarno en un golpe de estado.

La gran parte de la prensa en Estados Unidos guardó silencio con respecto al golpe o lo describió en términos favorables. James Reston del New York Times describió la carnicería de  Suharto como “una luz de esperanza en Asia”. La revista Time describió la matanza y toma del poder como “la mejor noticia para Occidente en Asia desde hace muchos años”. Mientras tanto, Suharto convirtió el país en un paraíso para la inversión extranjera, promoviendo el anticomunismo.

El golpe de estado en 1965 fue un precursor al genocidio en Timor Oriental a partir de 1975. Las tropas indonesias encabezadas por Suharto, invadieron a Timor Oriental en una cruenta guerra y lo dominó hasta 1999. Escribiendo ese año, Noam Chomsky analiza el gusto de Suharto por la masacre y el asesinato, y el apoyo del Imperio Estadounidense para la carnicería, especialmente cuando beneficia a los negocios:

Indonesia…cambió de ser enemigo a amigo cuando el General Suharto tomó poder en 1965, presidiendo un matadero masivo que suscitó una gran satisfacción en Occidente… “nuestro chico” se llevó a cabo un sinfín de atrocidades en contra de su propia gente, matando a 10,000 indonesios en los años 80…Escribió que los cadáveres fueron dejados donde cayeron “como una forma de terapia de shock”.

 La guerra contra  Timor Oriental no pudo haber ocurrido sin órdenes de los más altos oficiales de Estados Unidos. En 1975 hubo dos reuniones claves asistidas por Henry Kissinger, Presidente Gerald Ford, Presidente Hadji Mohamed Suharto, entre otros.

¿Y qué había estado haciendo el gran criminal Kissinger en los años recientes? Vale la pena mencionar sus siguientes acciones:

–En 1969, Kissinger y Nixon había iniciado el extenso bombardeo aéreo de Camboya en búsqueda de Vietnamitas acampados ahí. Entre 1969 y 1973, más de 500,000 personas fueron asesinadas en esos ataques secretos, ilegales y masivos.

–El 18 de diciembre de 1972, Kissinger y Nixon anunciaron la campaña de bombardeo más despiadada de la Guerra contra Vietnam. En aquellos ataques desde B-52s se desató un mayor tonelaje sobres las ciudades, pueblos y aldeas de Vietnam del Norte de lo que Estados Unidos había echado sobre Japón durante toda la Segunda Guerra Mundial.

–Desde 1970 hasta 1973, Kissinger y Nixon colaboraron con ITT,  PepsiCO y el Director de la CIA Richard Helms para asegurar que Salvador Allende no asumiera la Presidencia de Chile. Primero eliminaron al General René Schneider y luego el 11 de septiembre de 1973, derribaron el gobierno de Salvador Allende en un golpe de estado que abrió paso a años de muerte, tortura y terror a manos de Agusto Pinochet.

En una comida en el restaurante Shangri La en Camp David el 5 de julio de 1975, Kissenger y Ford chatearon sobre mucho más asistencia económica e inversiones corporativas para Suharto, inversiones bancarias y petroleras, y lo más importante un gran aumento en asistencia militar.

El 5 de diciembre de 1975 en Jakarta, lo que a Suharto le hacía falta fue la aprobación oficial de la guerra: el gran guiño de Kissinger y Ford. En la reunión se dio a entender la información recién compartida con el Departamento de Estado: La única solución en la situación del Timor Portugués sería que Indonesia lanzara un operativo contra FRETILÏN. Se entendió que 90% de las armas militares usadas en la invasión vendrían de Estados Unidos – una fuerte violación de las leyes de ese país.

El alto oficial de la CIA, C. Philip Liechty ha dado más detalles sobre el apoyo estadounidense a Suharto: “Si, estuvimos aportando la mayoría del armamento, helicópteros, apoyo logístico, comida, uniformes, municiones, todo lo necesario para los Indonesios…”

FRETELÍN reportó varias veces que asesores estadounidenses estaban dirigiendo y hasta participando en el combate.

Según John Pilger,

“La invasión  desde el principio fue un operativo salvaje…Fue guerra total. Valió todo…Estuvo claro. Su estrategia fue de aterrorizar a la nación entera…Tiraron granadas dentro de las casas de la gente. Violaron a las mujeres y niñas en frente de sus familias…”

Las fuerzas de FRETILÏN resistieron pero fueron abrumados. Indonesia pretendió borrar a “los terroristas” del mapa. Cientos de miles de personas fueron encerrados en campos.

¿Y dónde estuvieron los medios de comunicación? AWOL, dicen Abu-Jamal y Vittoria.

¿Y dónde diablos estuvo la ONU? La Asamblea General votó inmediatamente para condenar la invasión, pero Estados Unidos se abstuvo y se negó a votar.

Ford y Kissinger dejaron sus cargos en 1977.

¿Y el auto-proclamado campeón de derechos humanos, Jimmy Carter? Aumentó el apoyo a Suharto.

Carter, Holbrooke, Brezinski, Mondale, Reagan, Wolfowitz, Bush y Clinton, siguieron con la misma política. Aunque ‘Slick Willie’ hizo unas leves reformas, dio apoyo militar a Suharto durante su gobierno de ocho años, apoyado ‘debajo de la cintura’ por una serie de asesoras, comentan nuestros autores.

CAPÍTULO 7. Carne de cañón para el capitalismo

 En este capítulo Mumia Abu-Jamal y Stephen Vittoria hablan de los soldados utilizados  para hacer el trabajo sucio y peligroso del capitalismo. Citan al General Smedley Butler:

“Estuve 33 años y 4 meses de servicio activo en el componente militar más ágil de mi país, el Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos. Pasé por todos los rangos, desde subteniente hasta general. Y pasé la gran parte del tiempo siendo un matón de primera clase para los grandes negocios, Wall Street, y los banqueros. En pocas palabras, yo fui un sicario y un gánster para el capitalismo”.

El proceso de reclutamiento, dicen los autores, es un verdadero “trato con el diablo” digno de Mefistófeles; los expertos en el arte de manipular usan propaganda, patriotismo, y publicidad que mata. De hecho, Madison Avenue ha desarrollado una asombrosa capacidad para vender la guerra a nuestros hijos, dicen, pero de cierta manera esto no es nada nuevo. “Las guerras del Imperio Estadounidense siempre han sido peleadas por niños y en contra de niños”.

El adoctrinamiento sistemático empieza a una edad temprana con una combinación de patriotismo y religión. El juramento de lealtad a la bandera diariamente en una sala de clase, un juramento que se repite diariamente durante años, tal vez se magnifica con el Himno Nacional  en un estadio deportivo con la emoción ferviente de una gran reunión religiosa estilo Elmer Gantry. Ahí lo tienen, dicen nuestros autores: “Jesus y América conectados para siempre” con la magia de cohetes explotando en el aire. Y esta tela de fondo simplifica enormemente la tarea de un reclutador que busca soldados “dispuestos a morir por su país”.

“El patriotismo”, dice Emma Goldman, “es una superstición artificialmente creada y mantenida a través de una red de mentiras y falsedades que le roban al hombre de su auto-respeto y dignidad, y aumenta su arrogancia y soberbia”.

Para Chomsky, pueden existir algunas formas de patriotismo no muy dañino, como la lealtad a un grupo. Él visualiza una forma de patriotismo que pone el bienestar del pueblo sobre la práctica común de sembrar miedo. “Pero el tipo de patriotismo fomentado por sociedades totalitarias y dictaduras militares…es uno de los peores malestares en la historia humana…” dice.

“Enfrentar la verdad nunca ha sido un punto fuerte para los estadounidenses o para su líderes, dicen Abu-Jamal y Vittoria. “Prefieren un lenguaje suave para vender duras realidades de una manera cortés y aceptable—un lenguaje que disfraza la verdad, evita hechos fundamentales, y en fin, posiciona lo impensable como lo normal”.

En su 1990 HBO Comedy Special,  George Carlin denuncia este tipo de lenguaje:

“Hay una condición en el combate. La mayoría de la gente la conoce. Es cuando el sistema nervioso ha sido estresado hasta su absoluto punto máximo. El sistema nervioso se quiebra o está por quebrarse. En la Primera Guerra Mundial esta condición se conoció como “shell shock” –lenguaje sencillo, honesto, directo. Dos sílabas: shell shock. Casi suena como los mismos rifles. Eso fue hace 70 años. Luego vino la Segunda Guerra Mundial y esa misma condición se llamaba “battle fatigue” de cuatro sílabas. Toma un poco de tiempo más para decirlo y parece que no duele tanto. “Fatigue” es un nombre más simpática que “shock”. (Grita) SHELL SHOCK. (Ahora gente). Battle Fatigue…Luego estuvo la Guerra de Corea. 1950. Madison Avenue estaba en lo alto y la misma condición de combate se llamaba “operational exhaustion”. ¡Oigan! Hemos llegado a ocho sílabas. Y la humanidad ha sido completamente exprimida de la frase. Es totalmente estéril. Operational exhaustion. Suena como algo que podría pasar a tu coche. Luego estuvo la Guerra contra Vietnam, la cual sólo terminó hace 16 o 17 años, y gracias a las mentiras y engaños sobre esa guerra, supongo que no es ninguna sorpresa que aquella misma condición se llamaba “post-traumatic stress disorder”. Aún son ocho sílabas, pero hemos agregado un guión. Post-traumatic stress disorder. Les apuesto que si todavía lo llamáramos “Shell shock” algunos de aquellos veteranos de Vietnam habrían recibido la atención que les hacía falta. Apuesto. Apuesto”.

 La manipulación es profunda. Y lo tiene que ser, dicen Jamal y Vittoria, porque la oligarquía le pide a las mamás y los papás a abrazar la situación muy real y tangible de dar a luz a un niño, crear ese niño, educar ese niño, amar ese niño, y luego entregar ese niño a los mandamases que manejan esa gran aparato militar para luego convertirlo en una máquina asesina lanzada  al infierno, a los campos de batalla camuflados con nombres sexy como “Operación Tormenta del Desierto”, “Operación Libertad Duradera”, y “Operación Nuevo Amanecer”, estilo Disney, que evoca a Bambi correteando por una pradera cubierta de rocío.

Algunos de los reclutas terminarán en los campos de guerra con sus cuerpos y mentes destruidos. Habrán tenido sus cerebros lavados con la idea de que el asesinato está bien porque “estamos liberando el mundo de los hombres malos—los demonios, terroristas y salvajes que quieren matarnos porque somos de un país libre”.   Otros saldrán a asesinar a personas con un avión no tripulado en un hito supuestamente meticuloso y exacto y nunca verán la sangre y sufrimiento de sus víctimas. Unos pocos quedarán en las oficinas lujosas de la CIA u algunas bases militares con sus tableros y joysticks moviendo juegos de guerra. El asesinato esterilizado es limpio y rentable.

El programa de aviones no tripulados fue iniciado por George W. Bush en 2004. Éste aumentó muchísimo bajo Obama, quien defendió el programa a capa y espada. Jeremy Scahill ha denunciado que cuando el presidente dice orgullosamente que la tasa de bajas civiles en un operativo de drones es mucho más bajo que la tasa en la guerra convencional, la realidad es que nueve de cada diez personas asesinadas no eran el objetivo previsto. Las reportan como “enemigos muertos en acción” sin haberlos designado como “enemigos” anteriormente.

Otra odiosa táctica utilizada en los ataques por los aviones no tripulados se llama “el doble tap”. Se lanzan misiles de un dron, asesinando y mutilando a la gente. Luego momentos después cuando la gente local corre a ayudar a los heridos, un segundo dron dispara otra ronda de misiles.

Mentiras, mentiras, y más mentiras. El proceso de reclutamiento al servicio militar está repleto de mentiras. El libro Army of None (Ejército de nadie) by Aimee Allison y David Solnit empieza con el aviso: “Los reclutadores mienten”.  Citan un estudio que documenta las amenazas y coerción en contra de los solicitantes para entrar al Ejército y las falsas promesas de que no serían enviados a Irak.

Juegos de video. En muchos casos los reclutadores usan los juegos de guerra para dar una falsa idea de lo que la vida en las fuerzas armadas sería. Esta táctica es muy efectiva porque muchos de los jóvenes que consideran una vida militar no tienen otras opciones en su vida. Si supieran de las grandes ganancias tras las corporaciones multinacionales, especialmente en la industria de defensa, tal vez los jóvenes no serían tan susceptibles a las mentiras. Pero la mayoría de ellos han estado viendo juegos de guerra en video durante una gran parte de sus vidas y tienen la idea de que la guerra es un juego. Hay varias encuestas que indican que los jugadores de Xbox apoyan los ataques de los aviones no tripulados. En una encuesta encabezada por David Rothschild, 72% dijeron que sí.

Juegos como Ghost Recon, Sniper Elite, y Battlefield siguen haciendo un impacto dramático sobre las mentes de los niños de Estados Unidos, y también sobre los bolsillos de los contratistas de defensa que fabrican las máquinas. En un juego, Call of Duty, los contratistas militares privados (es decir, mercenarios) están encargados de proteger el mundo, una responsabilidad que siempre ha sido de las naciones. Sledgehammer Games ha recibido apoyo de asesores militares y un planeador de escenarios del Departamento de Defensa con actividad en el Pentágono. En un estudio de los operativos del grupo mercenario Blackwater, su líder Eric Prince es el modelo para un personaje interpretado por Kevin Spacey. Abu-Jamal y Vittoria destacan que estos juegos ayudan a vender la MENTIRA de la guerra  a millones de jóvenes semi-analfabetos en una celebración del poder militar y la muerte.

 Conscripción por pobreza. En 1973, Estados Unidos eliminó la conscripción militar y estableció fuerzas militares voluntarias. Algunos observadores ahora piensan que tras los esquemas de reclutamiento actuales es el motivo de evitar otra activación de la conscripción. Esta es la postura de David Swanson, quien afirma que el gobierno prefiere tener jóvenes pobres y de la clase trabajadora como voluntarios para firmar contratos que permitan cambios hechos por los militares a su voluntad. Si les hacen falta más tropas, simplemente pueden extender el tiempo de los contratos actuales…Si no es suficiente, pueden federalizar la Guardia Nacional y enviar a la guerra los jóvenes que se inscribieron, pensando que sólo estarían ayudando a las víctimas de huracanes…En este escenario el único trabajo de los soldados es matar. Así podrían duplicar el tamaño de las fuerzas sin que nadie se dé cuenta excepto los especuladores…

Infiltrar a las escuelas. “La meta es la adquisición de las escuelas para tener una mayor cantidad de alistamientos en el Ejercito”. U. S. Army School Recruiting Program Handbook

La verdad pura y dura: la meta de los reclutadores militares es adueñarse de las escuelas, dicen Abu-Jamal y Vittoria.

Para Chris Hedges, la sed de guerra del Imperio Estadounidense es un modelo corporativo para controlar el planeta. “Las fuerzas militares son el llamado de las Sirenas, el incentivo que durante generaciones ha seducido a los jóvenes americanos trabajando en los restaurantes de comida rápida o detrás de los mostradores de Walmart a pelear y morir por los especuladores y las élites”.

Al hablar en un concierto en 1974 sobre el reclutamiento de jóvenes, dijo Dick Gregory:

“Tengo tres hijos…y sé que nunca serán enrolados al servicio militar. Yo me encargo de esto. Ojalá vengan a mi casa con un aviso de conscripción obligatoria. “¿Qué quieres? ¿Un aviso de conscripción para mi hijo? Dame eso. Yo te lo completo. ¿Cómo que no puedo escribir en la hoja? Cállate y llévalo al Centro de Conscripción y dáselo a tu jefe. SEA LO QUE SEA LO QUE TENGAN DE MAL LOS HIJOS DE DUPONT, TAMBIÉN LES PASA A LOS MÍOS. No sé a dónde van los DuPont durante una guerra, pero más les vale encontrar un espacio para tres más”.  

CAPÍTULO 8. NO

“La desobediencia civil no es nuestro problema. Nuestro problema es la obediencia civil.” – Howard Zinn

Entre los  hombres y mujeres reconocidos por desafiar las fuerzas del Imperio Estadounidense, dos perfiles se resaltan: los de Victor Jara y Ramona Africa.

“¡Canta ahora bastardo!”

 Victor Ladio Jara Martinez nació en septiembre de 1932 en la aldea agrícola de Lonquén al sudoeste de Santiago. La granja donde vivió era parecida a una plantación en las tierras de una familia rica y poderosa. Creció en un ambiente feudal y de violencia en su hogar porque su papá era alcohólico y solía golpear a su madre, lo que le dio coraje al joven Victor. Su mamá Amanda cantaba y tocaba la guitarra y también sabía leer y escribir. Ella pensaba que la educación era muy importante para sus hijos y exigió que asistieran a la escuela y se dedicaran a estudiar. Victor era un excelente estudiante y dos veces fue elegido “el mejor compañero” por sus compañeros de clase. En los años 40, Amanda llevó a sus hijos con ella a vivir en Santiago. Victor consiguió una guitarra y empezó a a estudiar, tocar la guitarra, y cantar en el coro de su iglesia. También ganó reconocimiento en el mundo del teatro por su arte y sus canciones.

A la edad de 15 su madre murió de un infarto y Victor cayó en la desolación. Empezó a ganar la vida en la carpintería  y el traslado de cargas.  Le interesó la religión y soñó con ser un sacerdote.  A finales de los años 50 entró en el seminario, pero no era como había soñado. Los estudiantes fueron obligados a azotarse en una ducha de agua fría si se sentían deseos sexuales. Victor salió del seminario y 10 días después fue llamado al servicio militar. Después, empezó a conocer a actores, directores, izquierdistas  y cantantes como Violeta Parra.

Escribió una canción popular cómica sobre una mujer beata confesando sus pecados a un sacerdote. Una persona traviesa la metió en la radio y se volvió un escándalo nacional, resaltando su papel como un rebelde en círculos izquierdistas y progresistas.

Victor se dedicó a la música y teatro en la Universidad de Chile en Santiago. Se casó con  la bailarina Joan Turner a principios de los años 60 y los dos empezaron a involucrarse más en los movimientos sociales.

Victor se identificó con el líder marxista Salvador Allende y nunca dejó de relacionarse con la gente más pobre en el país. Escribió varias canciones sobre las consecuencias de la pobreza en las relaciones humanas.  Viajó a la Unión Soviética y Cuba, y al regresar a Chile se unió al Partido Comunista.

Para 1969, miles de activistas fueron conmovidos por su música no comercial con sonido chileno. Los organizadores empezaron a invitarlo a tocar y cantar en un evento tras otro donde la gente abrazó su “pasión revolucionaria”. Pero fue la matanza de noventa campesinos que estaban ocupando la tierra de del magnate Pérez Zujovic cerca del pueblo de Puerto Montt, que marcó el inicio de sus canciones de confrontación política. En una gran manifestación, cantó su canción que denuncia al terrateniente que ordenó al policía a abrir fuego contra los campesinos, “Preguntas por Puerto Montt”.

Usted debe responder

Señor Pérez Zujovic

porque al pueblo indefenso

contestaron con fusil.

Señor Pérez su conciencia

la enterró en un ataúd

y no limpiarán sus manos

toda la lluvia del sur.

En 1970, Salvador Allende fue elegido presidente de Chile. Victor y Joan contribuyeron mucho a su campaña. Victor compuso la canción “Venceremos”, que se volvió la canción principal del movimiento. Joan Jara recuerda una enorme manifestación de 800,000 personas, todas cantándolo:

Consabiente de nuestra bandera

La mujer ya se ha unido al clamor

La Unidad Popular vencedora

Será tumba del yanqui opresor.

La mañana del 11 de septiembre de 1973, Victor estaba en camino a su trabajo en la Universidad Técnica donde daba clases. Vio que todo en la ciudad estaba cerrada. A pesar de los tanques, tropas, disparos y humo, logró llegar al campus. De pronto los jets iniciaron su ataque contra la Moncada. La junta militar respaldada por Estados Unidos impuso un toque de queda en la ciudad. Cientos de estudiantes y maestros estaban encerrados y no pudieron salir. Los que intentaron escapar fueron asesinados. La mañana siguiente los tanques y tropas empezaron a tirar a la universidad también. Nadie devolvió el fuego porque todos estaban desarmados. Las tropas, con sus botas y rifles, obligaron a todos a acostarse boca abajo.

Un soldado reconoció a Victor y le preguntó: “Eres ese chingado cantante ¿verdad?”  Lo golpearon hasta quedar en el suelo y luego lo aislaron con los presos “peligrosos” o “importantes”. Lo llevaron al Estadio Chile, una pequeña arena que sirvió como cámara de tortura. Algunas personas que vieron a Victor ahí reportaron después que se vio mal golpeado y sangriento. Joan Jara reporta que ella recibió un mensaje “llevado por alguien que estuvo cerca de él durante horas ahí abajo en los vestidores, convertidos en cámaras de tortura, un mensaje de amor para sus hijas y mí.”

“Qué horror se ve en la cara del facismo…”

Victor fue torturado, electrocutado y sometido al rompimiento de sus manos y muñecas.

Joan reporta que el oficial conocido como Príncipe le gritó al borde de la histeria, perdiendo el control de él mismo: “¡Canta ahora si puedes, bastardo!”  La voz de Victor se levantó en el Estadio después de aquellos cuatro días de sufrimiento, para cantar un versículo de “Venceremos”.  Luego fue golpeado en el suelo y arrastrado afuera para la última fase de su agonía.

Richard Nixon y Henry Kissinger hablaron por teléfono el día 16 de septiembre:

Nixon: No hay nada nuevo de importancia ¿Verdad?

Kissinger: No, nada de gran  importancia.

Victor Jara no terminó su último poema antes de que lo llevaron a los vestidores del estadio, donde le dispararon una y otra vez en el pecho.

“Lo que veo, nunca lo he visto

Lo que he sentido y lo que siento

Le dará a luz al momento…

¡Atención MOVE! Ésta es America.

 Cuando Ramona Africa estudió en la Universidad Temple en los años 70, ya había decidido que iba a ser  abogada. Pero todavía no había tomado el apellido ‘Africa’. Era Ramona Johnson, hija de una estilista popular en la comunidad negra de Filadelfia Oeste,  quien la había motivado a prepararse para una carrera profesional. Ramona escogió el campo de derecho. Era inteligente, se aplicó en sus clases, y no vio ningún obstáculo para alcanzar su sueño, excepto por los del racismo y sexismo enfrentados por todas la chicas negras. Estudió la Constitución de Estados Unidos y libros académicos sobre los derechos y privilegios de los ciudadanos estadounidenses, dicen los autores Mumia Abu-Jamal y Stephen Vittoria.

Sin embargo, el camino de Ramona cambió para siempre cuando conoció a MOVE. Sus integrantes eran jóvenes rebeldes –Negros, Latinos, Asiáticos y Blancos que se opusieron al sistema en que vivieron e intentaron vivir en armonía con la naturaleza. Siempre estaban resistiendo la policía, las industrias, los zoológicos y los ataques contra su organización. Sus integrantes fueron detenidos varias veces a la semana, entonces también resistieron las cárceles y los tribunales. Inspirados por las enseñanzas de John Africa, las y los jóvenes buscaron cambios radicales en la sociedad y se capacitaron en las tácticas de confrontación. Su espíritu inquebrantable les permitió resistir formas de represión que destruyeron a otras organizaciones.

En los años 70 el Alcalde en Filadelfia era el bombástico Frank Rizzo, quien antes era el Jefe de Policía en la ciudad. El primer alcalde italiano con antecedentes de la clase trabajadora, Rizzo fue amado por las ciudades blancas, e  hizo todo lo posible para garantizarles buenas condiciones de vida. Pero su relación con la comunidad negra fue todo lo opuesto. Ahí se conoció como un policía brutal y despiadado, un gandallón armado que gobernó con coerción y fuerza. En 1969, sus policías habían hecho una redada contra la central de los Panteras Negras con ametralladoras. Rizzo odiaba a MOVE y juró destruir la organización.

En 1977-78, hubo un sitio policiaco de casi un año alrededor de la casa colectiva de MOVE. Sus integrantes construyeron una plataforma para hablar con la gente de la comunidad y con la prensa. Llevaban rifles para demostrar la necesidad de la auto defensa. El 8 de agosto de 1978, cientos de policías de Filadelfia cometieron un acto de guerra urbana contra la familia MOVE, inundando su casa con agua y disparando contra la gente que se resguardaba en el sótano. En el tiroteo donde hubo varias personas heridas, el policía James Ramp murió, víctima de fuego amigo. La golpiza brutal hecha por los policías a Delbert Africa fue captado en video y difundido a nivel internacional.

Nueve integrantes de MOVE fueron detenidos y acusados de la muerte de Ramp. Después de una serie de audiencias, los nueve fueron condenados de homicidio en tercer grado y sentenciados a un mínimo de 30 años y máximo de cadena perpetua.

En estos años Ramona había conocido a Pam Africa, quien le sugirió asistir a los juicios para ver la justicia en acción. Ramona lo hizo y no pudo creer lo que vio. Escribió:

“Nada que me enseñaron en las clases de la Universidad Temple estaba pasando en el tribunal. Nada de lo que los profesores me habían enseñado o de lo que yo había leído en sus libros sobre cómo el sistema jurídico funcionaba. Quedé horrorizada y consternada. Pero también, quedé impresionada con la manera en que la gente de MOVE se representaron, no gritando unas legalidades, sino señalando las incoherencias del sistema jurídico estadounidense, igual que las de los testigos de cargo, especialmente los testigos policiacos.  No fueron intimidados en lo más mínimo por el ambiente del tribunal, el juez, el sheriff, o los fiscales, o sobre el trato malo e injusto dado a MOVE. Quedé sumamente impresionada por su valor”.

Dicen Abu-Jamal y Vittoria:

De cierta manera los abogados consideran los tribunales como los sacerdotes en relación a la iglesia; son parte de ella, funcionarios…El hecho de que ella no se identificó con el tribunal, sino con los acusados –la gente de MOVE representándose—es nada menos que asombroso. En un sentido, su identificación con los oprimidos muestra una profunda identidad negra, pero también ha de haberla obligado a escoger cual persona prevalecería – Ramona la abogada, o Ramona la activista.

Pero Ramona no hizo una decisión inmediata. Empezó a ir a las prisiones para conocer a la gente de MOVE encarcelada y platicar con ellos.

“Hice una decisión que yo no quería ser como el juez, el fiscal o los llamados abogados de la defensa…Decidí no inscribirme en la Facultad de Derecho. No quería ser como esos abogados. Quería ser como MOVE, como John Africa, una revolucionaria”.

Ramona se unió a MOVE y tomó el apellido Africa. Siguió trabajando en apoyo a los presos conocidos como ‘los 9 de MOVE’. Siete años después, la Organización MOVE fue el objetivo de un segundo acto de guerra urbana: el bombardeo e incendio de su casa colectiva, ahora ubicada en la Avenida Osage. No fue la primera vez que una comunidad negra fue bombardeada e incendiada en Estados Unidos. Esto pasó en Tulsa, Oklahoma, en 1921. Pero era la primera vez que el bombardeo fue implementado por la policía de una ciudad y ordenado por su jefe de gobierno, en este caso el primer alcalde negro de Filadelfia: Wilson Goode.

El 13 de mayo de 1985.  Ramona Africa estuvo en casa con otros integrantes de MOVE cuando las tropas de la policía encabezada por su Jefe Gregore Sambor llegaron para acabar con la organización. Después de disparar toneladas de agua y gas lacrimógeno, los policías de la Ciudad del Amor Fraternal dispararon 10,000 balas a la casa. Por fin un helicóptero policiaco echó una bomba entregada por el FBI hecha de explosivos tipo C4 sobre la azotea de la casa, provocando un incendio devorador que destruyó la casa y otras sesenta casas alrededor. Sambor le ordenó al jefe de los bomberos William Richmond a dejar que ardiera el incendio. Cuando algunos miembros de MOVE intentaron salir de la casa en llamas, una lluvia de balas los obligó a regresar a la casa. Un total de  once personas incluyendo cinco niñas y niños fueron asesinados ahí.   Sólo Ramona y el niño Birdy Africa lograron salir con vida.

Después de reunirse durante varios meses, la Comisión MOVE y un gran jurado encontraron culpables a Wilson Goode y los policías de Filadelfia del asesinato masivo y el fomento de un holocausto en una ciudad grande de Estados Unidos, pero ni una sola persona ha sido enjuiciada por esto. A los culpables nadie les ha llamado terroristas. ¿Por qué no? preguntan Abu-Jamal y Vittoria, si los perpetradores cumplen con todas las definiciones de la palabra.

Ramona Africa se representó en su juicio y quedó con una sentencia de siete años. Recordó la posición de John Africa, quien enseñó a los integrantes de MOVE a representarse: “Un abogado puede gritar legalidades pero al final del juicio, si pierden, ¿quién va a la cárcel? ¿Tú o el abogado?…En fin, nadie te puede representar, solo tú.”

Muchos expertos no están de acuerdo con esta posición. Pero Ramona les contesta así”.

“Algunas personas me han preguntado: ¿No crees que ‘los 9 de MOVE’ hubieran salido libres si habrían tenido excelentes abogados con experiencia? Nosotros decimos “no” porque la gente de MOVE no está encarcelada porque les hacía falta un argumento jurídico. Están ahí por ser discípulos de John Africa, por ser revolucionarios que no creen en el sistema y pelean contra el sistema de muchas maneras. No tiene nada que ver con la criminalidad o ser culpables de algo. Fíjense en los más de 2.5 millones de personas en las prisiones de Estados Unidos. Me atrevo a decir que un 99% de ellos tuvieron abogados. Entonces ¿qué tipo de argumento es éste?”

Durante sus años en prisión, Ramona llegó a conocer bien a las mujeres de MOVE—Janine, Merle, Janet y Debbie Africa. Dice:

“Afortunadamente tuve mis hermanas ahí. Hay que ser fuerte y poner un fuerte ejemplo. Si detectan alguna debilidad en ti, algo que podrían usar para quebrantarte, te van a caer como una tonelada de ladrillos. Pero se dieron cuenta que no iban a poder quebrantar a MOVE…

 Al salir libre después de pasar siete años en prisión, Ramona Africa llegó a ser la vocera principal de la Organización MOVE. Ha dado discursos en universidades y comunidades en su país y en el mundo sobre los actos de guerra en contra de la organización. No solo dijo NO. Ella ha vivido el NO y sigue haciéndolo hasta ahora. Comparte lo que ella ha aprendido sobre el sistema “boca a boca, persona a persona, día con día.” ¿Y estas lecciones?

“…Las personas que fundaron el gobierno, los que escribieron el guion, su meta nunca era lograr libertad, justicia e igualdad. Cuando dijeron que “consideramos que estas verdades son evidentes, que todos los hombres se crearon iguales,” ¿de quién diablos hablaron? No hablaron de las mujeres. No hablaron de los esclavos africanos que llegaron aquí. No hablaron de los pueblos indígenas. Ni siquiera hablaron de los hombres blancos que no tenían tierras. Entonces ¿de quién diablos hablaron cuando dijeron que todos fueron creados iguales y con ciertos derechos inalienables? Todo fue una mentira. Y sigue siendo una mentira”.

Ramona Africa. Revolucionaria.

EPÍLOGO

La guerra está prohibido por el Acuerdo Kellog-Briand y, con escasas excepciones, por la Carta de las Naciones Unidas, por no mencionar el concepto más básico de la moralidad, es decir, que uno no debe involucrarse en el asesinato masivo. Sin embargo, es cierto que la guerra es el pasatiempo favorito del gobierno de Estados Unidos…

Estados Unidos tiene tropas en más de 175 países y alrededor de mil bases militares afuera de sus propias fronteras, comparado con dos docenas de bases extranjeras que pertenecen a todas las demás naciones del mundo combinadas…

Los gastos militares no sólo son incapaces de abordar el colapso económico; la actividad militar es el mayor destructor del medio ambiente…Es la justificación central de la secrecía del gobierno, de la erosión de las libertades civiles (a nombre de la libertad), de las restricciones sobre el periodismo y activismo y de las peticiones al gobierno para un remedio de agravios. Esta actividad lleva militarizar a las fuerzas policiacas locales y entrenarlas para guerra…Exacerba el racismo, fanatismo religioso y xenofobia. Asesina directamente a millones, hiere a millones más, convierte a millones en refugiados, traumatiza a generaciones enteras, provoca la hostilidad duradera, desestabiliza regiones enteras y produce migraciones masivas. Al  hacer todo esto, logra que los residentes de la patria imperial, les guste o no les guste, son menos seguros, no son más seguros…

Los asesinatos por los aviones no tripulados, bombas y ocupaciones Crean más enemigos de los que matan. Los crean matando…

La guerra es la peor cosa que la humanidad hace y no tiene ningún aspecto positivo…ni siquiera es un boom económico…

Principalmente debido a su adicción a la guerra, Estados Unidos queda atrás de muchos otros países con respecto a la calidad de vida, felicidad, educación, sostenibilidad, seguridad, expectativa de vida  y salud…

Si queremos poner fin a las guerras, hace falta una educación pública masiva.

En vísperas del ataque contra Pearl Harbor, Presidente Franklin Delano Roosevelt hizo un borrador de una Declaración de Guerra contra dos países, Japón y Alemania. Pero decidió que no podía hacer esto y sólo llevó al Congreso una declaración de guerra contra Japón. El gobierno de Estados Unidos quiso dominar el mundo pos-guerra y no quiso compartir su dominio con la Unión Soviética. Desde el momento en que Estados Unidos entró en la guerra, los Soviéticos lo rogaran a atacar a Alemania desde el Oeste. Aun antes de que EUA entrara en la guerra, los Soviéticos habían cambiado el rumbo de los Nazis afuera de Moscú…Sin embargo, la prioridad de Estados Unidos era una Rusia debilitada.

Inmediatamente después de la rendición alemana, Winston Churchill propuso usar tropas Nazis junto con las tropas de los Aliados para atacar a la Unión Soviética…Allen Dulles hizo una paz aparte con Alemania en Italia y empezó a sabotear la democracia en Europa, fortalecer a los Nazis en Alemania, e importarlos a Estados Unidos para dedicarse a hacer guerra contra Rusia…La hostilidad de Estados Unidos hacia Rusia no empezó con discusiones sobre la ayuda a Hillary Clinton para ganarle a Bernie Sanders en las elecciones primarias de 2016. Empezó, como este libro explica pero como la mayoría de la gente de Estados Unidos no sabe, con la invasión de Rusia por Estados Unidos y sus aliados en 1918 en un esfuerzo fallido para poner fin a su revolución…

La alternativa a la guerra es el respeto, la cooperación, el estado de derecho, la diplomacia y la asistencia verdadera, no la asistencia militar, sino una verdadera asistencia y reparaciones que cuestan menos y benefician más que el militarismo…

Lo que hace falta es un estallido de pacifismo…Este libro es un instrumento para usar en nuestra lucha—una lucha en la cual tenemos una obligación moral a involucrarnos, y una lucha en la cual podemos encontrar toda la solidaridad, sacrificio, valor, y compromiso que alguna vez estuvieron asociados con la participación en el asesinato masivo.

David Swanson

Charlottesville, Virginia

Otoño 2018

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