Mumia escribe sobre su madre

Mumia-serious

La pérdida de una madre (Mother Loss)

Por Mumia Abu-Jamal, 1995

 Relativamente alta de estatura, con pómulos sobresalidos, hoyuelos como donas, y una tez el color de maíz, ella dejó su vida en el Sur por lo que en aquel entonces fue la tierra prometida, el Norte. Aunque vivió, amó, crió una familia y trabajó durante más de la mitad de su vida en el Norte, nunca perdió los acentos suaves y líricos de su lenguaje sureño. Palabras de una sílaba encontraban otra en su boca, subiendo con frecuencia en la segunda sílaba ––Keith se volvió “Ki-íth”, child (niño) se volvió “chai-íl”–– y su aguda, prolongada risa iluminó un cuarto como si fuera un día feriado.

Ella y sus hijos vivieron en los proyectos de vivienda pública (PJs por sus siglas en inglés); ni siquiera entendimos hasta muchos años después que habíamos crecido en la pobreza porque nuestra madre siempre procuró que todas nuestras necesidades estuvieran satisfechas.

Era una mujer amable que solía hablar bien de la mayoría de la gente, si es que hablaba, pero era una leona cuando alguien atacaba a uno de sus hijos. A principio de los años 60 cuando su hija se vio involucrada en una riña que hirvió fuera de control, ella partió un palo de escoba en dos, con un golpe abrió camino entre la gente de la cuadra hasta el lugar donde su hija se encontraba paralizada de terror, la agarró, y la llevó derechito a casa. No fue hasta que estaban a salvo dentro de la casa que descubrieron que alguien le había acuchillado en el camino. Tan poderoso era el amor por su hija que no se había fijado.

La fuerza del amor corría en ríos profundos a través de ella. Estoy convencido de que el amor maternal es la fundación de todos los amores que siguen. Es la relación amorosa primaria, la primera conocida por los seres humanos, y como tal, tiene una profunda influencia sobre todas las subsecuentes y secundarias relaciones en la vida. Es una relación de amor que se extiende más allá de la razón: tal vez por eso pensé que ella viviría para siempre, que esta mujer que me llevaba a mí, igual que a mi hermano y a mi hermana, nunca conocería la muerte.

Durante más de treinta años, ella fumó cigarrillos, Pall Malls ––que ella decía “pelmels”–– y Marlboros, pero aun así pensé que viviría para siempre. Cuando murió de enfisema mientras yo estaba en la prisión, fue como un rayo al alma. Nunca durante toda mi existencia hubo un momento donde ella no estuviera presente. De pronto, un día frío de febrero, exhaló el último suspiro. Su dulce presencia y sus consejos sabios se fueron para siempre.

Ver a tu madre morir mientras estás encarcelado; ver su imagen sin vida mientras estás sujetado a grilletes…

Derechos reservados MAJ

Texto escrito 1 de julio de 1995 y publicado en el libro y CD del mismo nombre, All Things Censored (Todo Censurado), editado por Noelle Hanrahan, en 1998

Circulación Sis Marpessa y Sis Fatirah

Traducción carolina

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