Frances Goldin: Activista por la vivienda, mujer radical y agente literaria

por Mumia Abu-Jamal

¿Quién conoce el nombre Frances Goldin? O tal vez una mejor pregunta sería ¿quién no lo conoce?

Ella vivió una vida larga y colorida en apoyo a la gente pobre y desposeída, y casi empezó una carrera política, pero afortunadamente esto no ocurrió. Se postuló para el Senado del estado de Nueva York en 1951 por parte del Partido Laborista  Estadounidense. ¡Y adivinen quién encabezó la plantilla! Ni más ni menos que W.E.B. DuBois. El Partido Laborista no ganó pero esto no detuvo el activismo de Frances.

A finales de los años 50, ella y varios colegas formaron el Comité de Cooper Square para luchar por el bien de los residentes del Lower East Side en la ciudad de Nueva York. ¿Luchar contra qué? El planificador urbano ampliamente reconocido, Robert Moses, estaba por arrasar con los hogares de 2,400 de los inquilinos más pobres de la ciudad para construir departamentos para la clase media que podría pagar más dinero.

Frances y otros integrantes del Comité, incluyendo Thelma Burdick y Walter Savage, libraron larguísimas  batallas contra el gobierno, y más de ¡50 años después! abrieron y reabrieron viviendas en el  Lower East Side donde habían mantenido departamentos de alquiler controlado durante todo  ese periodo. Vendieron los departamentos a los inquilinos por cientos de dólares. Hace varios años abrieron más hogares por ahí en un edificio que lleva el nombre de Frances Goldin.

Frances, una radical, amaba los libros, especialmente los libros radicales. En 1977, ella puso en práctica este amor al fundar la Agencia Literaria Frances Goldin, un hogar para los libros radicales y sus autores.

La mujer que quería cambiar el mundo abrió el mundo a libros que podrían cambiar la manera de pensar de la gente: ficción, no-ficción, poesía y más.  Libro por libro, autor por autor, ella construyó la agencia que prospera hasta la fecha.

Sus clientes se convirtieron en sus amigas y amigos.  Me acuerdo que hace varios años, BooK TV hizo una fiesta literaria para lanzar una novela escrita por Barbara Kinsolver titulada The Poisonwood Bible. El espació de la recepción se llenó hasta el borde con mujeres que amaban su trabajo y la amaban a ella. Cuando abrieron una sesión de preguntas y respuestas, me impresionó el tono. Pudo haber sido una iglesia porque la vibra era reverencial. Me acuerdo de haber visto a Frances en primera fila, radiante como una querubín, mientras su amiga contestó las preguntas.

Otra memoria de Frances. Hace mediados o finales de la primera década de los 2000s, estuve en el Corredor de la Muerte y escuché un golpecito en la puerta de mi celda.

Miré y allí estaba ella en el bloque de celdas del Corredor de la Muerte. Me quedé atónito. Sin palabras. Estupefacto.  Es que tal cosa nunca había sucedido antes.  Pero Frances Goldin hizo que las cosas sucedieran.

Frances, siendo Frances, caminó por el pasillo, platicando con los otros hombres. Luego salió al llamado jardín. Unos pocos minutos después, regresó a la puerta de mi celda, con lágrimas corriendo de sus ojos. Antes de que yo pudiera hacerle una pregunta estúpida, ella espetó: “¡Esas, esas, esas jaulas! ¡Ni siquiera son habitables para perros!”

Quise abrazarla, consolarla, callar sus sollozos, pero la puerta entre nosotros no me lo permitió. Me sentí extrañamente avergonzado, como un hombre pobre cuando alguien más observa su choza, su pobreza.

Para mí, esas jaulas, de alrededor de 5.6 metros cuadrados de alambrado nunca volvieron a verse igual. Antes, eran espacios para jugar rebote, hacer lagartijas, o correr, pero quedaron manchadas con las lágrimas de Frances.

Frances era más que una mujer radical o una exitosa agente literaria o una formidable activista por la vivienda. Para sus dos hijas, Sally y Reeni, ella era Mamá. Y su amor y lucha para ellas era feroz.

Nacida en 1924 en el seno de una familia de refugiados judíos de Rusia, Frances solía presumir alegremente de su herencia genética de campesinos rusos. Ella creció en Queens y Harlem en Nueva York y conoció el anti-semitismo en la forma de piedras y ladrillos aventados contra las ventanas de su familia en Queens.

Ella era hija igual que madre del movimiento. Me atrevo decir que era mujer de color, de una manera solo posible para Frances. ¿El color? Púrpura, por supuesto. Sus ojos, de un color violeta brillante, reflejaron su espíritu, inteligencia, humor, pasiones y  compasión.

Esos genes de campesina la llevaron a vivir 96 primaveras. Y esa pequeña mujer enseño a generaciones enteras el poder de un gran y poderoso corazón para transformar el mundo.

Frances Goldin.  1924-2020. Presente.

Desde la nación encarcelada soy  Mumia, su amigo y su cliente, Mumia Abu-Jamal.

—(c)’20maj
19 de mayo de 2020
Audio grabado por Noelle Hanrahan, http://www.prisonradio.org
Transcripción y circulación por Fatirah Litestar01@aol.com
Traducción Amig@s de Mumia en México