Un sistema de control sin paralelo en el mundo

Reseña de el Nuevo Jim Crow

 x carolina

Michelle Alexander, The New Jim Crow: Mass Incarceration in the Age of Colorblindness (El Nuevo Jim Crow: el encarcelamiento masivo en la era de ceguera al color de la piel), The New Press, New York, 2010.

Muchos de los lectores de estas páginas se habrán enterado del nuevo libro de Michelle Alexander a través de los escritos del periodista y preso político Mumia Abu-Jamal, quien ha citado la autora numerosas veces durante el año pasado.

Al dirigirse al Congreso “Una raza encarcelada,” en la Universidad de Princeton, EUA, el 25 de marzo de 2012, Mumia escribió: “Como muchos de ustedes saben, Estados Unidos, con apenas 5% de la población del mundo, encarcela a 25% de todos los presos del mundo. Como ha notado Michelle Alexander, el número de presas y presos negros aquí, rivaliza y supera el número encarcelado en Sudáfrica durante el odioso sistema del apartheid en su apogeo. No debemos tomar a la ligera esta analogía, porque el apartheid sudafricano fue el epítome del estado racista policial, solo superado por la Alemania nazi en su naturaleza repulsiva. Además, mucha de su energía fue dedicada a una guerra de facto (o por lo menos, para usar la jerga del espionaje militar, un conflicto de baja intensidad), contra la mayoría negra, que criminalizaba casi todas los aspectos de la vida independiente africana, al restringir los lugares para vivir, trabajar, estudiar e incluso hacer el amor”.

El libro escrito por la Profesora de Derecho y ex Directora del Proyecto de Justicia Racial de la Unión American de Libertades Civiles (ACLU) es una llamada de atención a la gente de Estados Unidos sobre las raíces, propósitos, mecanismos y sobornos de un sistema que destroza las vidas de más de siete millones de personas y deshumaniza a la sociedad entera.

Este libro también sirve como una alerta sobre la imposición de este sistema penal en otros países. En México, por ejemplo, Felipe Calderón está adecuando el modelo a la catastrófica realidad nacional con un programa de construcción que aumenta el número de prisiones federales con módulos de máxima y ultramáxima seguridad desde 6 hasta 22. Y en el Distrito Federal, Marcelo Ebrard sigue el modelo con la construcción de dos torres de alta seguridad en el terreno del Reclusorio Norte. ¿Alguien cree la ficción de que estos infiernos se construyan para los capos del crimen organizado? ¿De cuáles segmentos de la población vendrán los y las jóvenes con celdas reservadas ahí? La población carcelaria en México ya se ha triplicado desde 1994. ¿Cuánto tiempo se tardará en multiplicarla dos veces, cinco veces, diez veces más? ¿Cuál será el efecto sobre el pueblo? Vemos lo que pasa en Estados Unidos. Sigue leyendo